La enfermedad es en esencia el resultado de un conflicto entre el
Alma y la Mente, y no se erradicará a no ser con un esfuerzo espiritual
y mental. Estos esfuerzos, si se llevan a cabo adecuadamente, con
entendimiento, como veremos más adelante, pueden curar y evitar la
enfermedad al eliminar esos factores básicos que son su causa primaria.
Ningún esfuerzo dirigido únicamente al cuerpo puede hacer algo más que
reparar superficialmente el daño, y no hay curación en ello, puesto que
la causa sigue siendo operativa y en cualquier momento puede volver a
demostrar su presencia en otra forma. De hecho, en muchos casos una
aparente mejoría resulta perjudicial, al ocultarla al paciente la
auténtica causa de su molestia, y con la satisfacción de una salud
aparentemente mejorada, el factor real, no descubierto, puede adquirir
renovadas fuerzas. Contrastemos estos casos con el del paciente que
sabe, o que recibe luz de un buen médico, cuál es la naturaleza de las
fuerzas adversas espirituales o mentales que actúan, y cuyo resultado
ha precipitado lo que llamamos enfermedad en el cuerpo físico. Si ese
paciente trata directamente de neutralizar esas fuerzas, mejora su
salud en cuanto tenga éxito en su empresa, y cuando se complete el
proceso, desaparecerá la enfermedad.
Esa es la verdadera curación, y consiste en atacar el baluarte,
la auténtica base de la causa del padecimiento.
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